Hay piscinas que son una piscina y hay piscinas que son otra cosa. Por ejemplo, las de Sobradelo, en Carballeda de Valdeorras, a unos nueve kilómetros de O Barco. Entre el Sil y las vías del tren hay un recinto de verano singular, de esos que llaman la atención por lo que tienen y, sobre todo, por lo que no necesitan añadir. Agua de río, piedra, arena, madera y, por supuesto, pizarra.
El vaso grande manda. Es una macropiscina de agua de río en la que los pies, al entrar, se topan con cantos rodados y donde, en algunas zonas del fondo, aparece el verdín. Una imagen poco habitual para una instalación de baño, concebida como tal hace cinco años para sortear las inundaciones invernales del recinto primigenio, que provoca sensaciones aún menos convencionales. Aquí el agua no huele ni sabe a cloro. Es la protagonista con voz propia. Alrededor hay arena, sombrillas de paja y hamacas (alguna precisa renovación) para tumbarse y dejar pasar las horas.
La zona del jacuzzi y los vasos con chorros.
|
M.S.
En un nivel superior, aparece el jacuzzi, con agua salada y chorros para quienes quieren otro tipo de relax. La cafetería, bajo concesión privada, concentra buena parte de la vida del lugar. Familias que pasan por allí, grupos de amigos que se sientan a echar unas cartas y gente que se acerca simplemente a tomar algo o comer. Entre la clientela se escucha hablar en francés. Es el idioma de la emigración que vuelve en agosto, de quienes viven fuera y regresan unos días al pueblo con la familia. Entre conversaciones, cartas, niños entrando y saliendo del agua, salchipapas -ese combustible de la juventud despreocupada por el colesterol- o cañas que se alargan, el recinto de Sobradelo acaban funcionando también como punto de encuentro vespertino.
Las piscinas son obra y empeño del Concello y su eterna alcaldesa, María del Carmen González. Y aunque la gestión es municipal, una empresa especializada se encarga de determinados trabajos y servicios (sanitarios). La entrada cuesta 1,50 euros, y para bañarse, eso sí, hay que llevar gorro.
Son una instalación con personalidad genuina. Sin grandes artificios. Se aprovecha lo que ya hay. Y quizá por eso funcionan. La única mala noticia es que la temporada termina a finales de mes.
