Una Ferrari Purasangre negra llama la atención en cualquier lado, pero más en Argentina, porque es la única de ese color. El dueño de ese “cavallino rampante”, el empresario dueño de Transclor, se pasea sobre esa belleza -fotos de Minuto de Cierre en exclusiva lo muestran- aunque el juez penal económico Juan Pedro Galván Greenway certificó que entró al país de contrabando. De modo curioso, el también candidato a camarista ordenó el “secuestro” pero dejándola en manos de Filiberti, con el argumento de no saber dónde guardarla.

La importación de autos usados, independientemente de su precio, está prohibida en la Argentina desde el decreto 110/99, vigente desde el 22 de febrero de ese año. Hay dos excepciones: que el vehículo ingrese al país por mudanza de su dueño (vivía en otro país y fija residencia aquí); o los considerados automóviles de colección, en todos los casos con una antigüedad superior a 30 años y todos -o casi todos- sus componentes originales.

Sin embargo, pero (la parte más divertida siempre llega después de este coordinante), no obstante lo cual (como diría Pappo); hecha la ley, hecha la trampa o excepción para los argentinos más ricos y poderosos. Este es el caso Mauricio Filiberti, dueño de Transclor, proveedor privilegiado -en monopolio o con escasa competencia- de PAC, un insumo clave para potabilizar el agua que le compra Agua y Saneamientos Argentinos S.A. (AySA); la misma empresa que pretende comprar si se privatiza.

Filiberti se dio el gusto de comprar una Ferrari Purasangue negra, fabricada en 2025 en Italia. Un lujo sobre ruedas que sólo se produce en tres colores: el citado, rojo y gris. La declaró a 358.000 dólares, cuando el valor actual -según páginas web especializadas- ronda los 600.000. En sí mismo, eso sería una subfacturación destinada a pagar menos por el 35% de Arancel Externo Común (AEC) al Mercosur correspondiente a cada automóvil 0 kilómetro importado fuera del bloque comercial. Entre otros impuestos. 

Además, como se importó con 250 millas recorridas (equivalentes a 400 kilómetros), también Transclor, la empresa importadora, cuyo dueño es Filiberti, habría incurrido en contrabando. “Las pruebas de fábrica te dan margen para considerar un automóvil nuevo con 30 a millas recorridas, pero no más que eso”, señala un especialista en el tema. Todo estos hechos constan en la causa 83/26, que lleva adelante el Juzgado 7 en lo Penal Económico, a cargo del magistrado Juan Pedro Galván Greeway.  

 

Según diversas fuentes, es la única de color negro que circula por la Argentina. El problema judicial, aunque de ningún modo práctico para “El Rey del Cloro”, es que la Aduana detectó que ese automóvil, junto a otros con dueños notables, ingresó al país con kilometraje registrado. Es decir, como el cuentakilómetros no marcaba 0, la figura penal es contrabando, tipificado en la Ley 22415.

Tanto para el denunciante, la Dirección General de Aduanas; como para el Juzgado 8 en lo Penal Económico, tanto el contrabando como la subfacturación estarían probados. Por eso se ordenó el “secuestro” de la Ferrari; pero el juez Galván Greenway tuvo la cortesía de dejarla “en custodia” del mismo dueño que la importó de forma irregular.

 

Una causa con doble vara

 

En la misma causa, la Aduana denunció automóviles de las marcas Rolls Royce y Ferrari que sus dueños declararon como nuevos pero sin embargo eran usados. Entre otros casos, está el Rolls Royce que importó uno de los dueños de Leiva Joyas que -a diferencia de la Ferrari en la cual se pasea Filiberti- permanece secuestrado en el garage de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) destinado a tal fin.

Nadie sabe, o no quiere decir, por qué Filiberti logró un beneficio que otros importadores judicializados no gozan: el uso de un automóvil de lujo. La primera explicación para ello fue que, como “Il Cavallino” negro necesitaba un service de rutina, era mejor realizarlo en la vivienda de Filiberti, ubicada en Nordelta. El juzgado le dejó el automóvil en “guarda judicial”, con el compromiso que no circulara por la calle.

Sin embargo, “El Rey del Cloro” hizo caso omiso de ello, y se lo vio frente a Michelángelo, pleno barrio de San Telmo. Una de las fotos de esta nota lo certifica. En esa ocasión, uno de los funcionarios del juzgado Penal Económico 7 señaló que “no podemos encontrar el auto”. Era fácil: caminando por Balcarce al 400, entre Belgrano y Venezuela.

En la actualidad, según distintas fuentes, Filiberti pasea a la Ferrari negra por diferentes barrios de Capital Federal y alrededores, sin pagar siquiera las multas. Está por verse si continúa su situación especializada. En un contexto particular: el juez Galván Greenway tiene frenado su pase a la Cámara en lo Penal Económico, apuntado por haber fallado en una causa a favor de Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la AFA.

Con respecto al futuro de este magistrado, hay dos interpretaciones. “Está ordenando todas las causas que tiene, entre ellas la de los automóviles de alta gama, ya que su pase a Cámara es inminente”, apunta una fuente cercana al tema. Otros, en cambio, apuntan que su ascenso en la jerarquía judicial no será tan sencillo.  

By Daniel Wege

Consultor HAZOP Especializado em IA | 20+ Anos Transformando Riscos em Resultados | Experiência Global: PETROBRAS, SAIPEM e WALMART